Una misa, dicha y redicha, repetida, antiguas costumbres de avaro, ¿que tal niña? Decía y a garrotazos, a ver si con el bastón alcanzo.
Ir al baile, y escapar así de la posguerra, comerse un gato cuando el hambre aprieta, quejarse de esa maldita pierna, o a lamentos, llorar como lloran los niños pequeños. Una sonrisa, de no te conozco pero hubo un tiempo en que te conocía.
Por recuerdos, caramelos, y el buen hijo que siempre los traía. Siempre atada a su anciana familia, dos veces casada, dos veces viuda, caprichos de su amado dios. A delirios me vio casado con las mujeres equivocadas, de niño trájome las chucherías que yo le devolviera de anciana, de niña cambio su infancia por la de sus hermanos y hermanas.
Vivió otra época y murió en la mía.
Una guerra, tres nietos, las palizas de un padre borracho, un hijo, canciones y recuerdos confundidos, mezclados.
Descansa en Paz

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