Sea en honor a la piel de todos aquellos candidatos,
Cuyos cuerpos conductores recorriste una vez,
Sea tu senda quien nunca note la escasez,
Del Reiki brotado del brillo de tus labios.
Descansen aquí versos de poetas y Eduardos,
Piruletas robadas, papiros y esa uve tan soez,
Mis ciento sesenta y cinco con tu tres veces diez,
Y que un ángel, por siempre, los muestre iluminados:
Solo supe, aún advertido, cuando usted ya me recorría,
Apagando mis guerras con su ceremonia del té
Y empecé a verte como lo que eras: energía.
Aquí me diste vida, allí yo te desperté,
Donde yo vivo, contigo, en mi mitología,
Estés el tiempo que estés, Namasté.,

1 comentario:
Namasté, peteño.
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